El más débil de los humanos y su ventana a la libertad

Los prejuicios y estereotipos son inherentes a toda cultura y criatura humana, mal que nos pese. En un sentido positivo o al menos neutro, sirven como factor de diferenciación entre el yo y los otros, permitiéndonos reconocer las caracterísitcas particulares de unos y otros. La tolerancia y el respeto, si bien no son una solución definitiva ni (por desgracia) universalmente adoptada, sí son una sana contrapartida a las diferencias, en muchos casos abismales, que nos separan.

Un mito dominante a lo ancho y largo del mundo actual dice que la cultura occidental ha menospreciado y atacado a la oriental en numerosísimas oportunidades a lo largo de la historia del mundo, y esa es otra verdad innegable. Pero no siempre el agredido, justamente por haber sido víctima, tiene o ha tenido la grandeza de “estaquear” la violencia con una actitud conciliadora.

En definitiva, al hablar de multiculturalidad y tolerancia racial resulta imposible arrojar la primera piedra. Esto subyace del libro “Estupor y temblores” de la escritora belga Amèlie Nothomb, autobiográfico y portador de “la otra campana” de la agresión que supone la discriminación entre los habitantes de una mitad del planeta y la otra. Sigue leyendo

Missivas

lote-36-revistas-infantiles-anteojito-billiken-genios_MLA-F-3130173773_092012Allá por el 2000 tenía nueve años y todos los lunes recibía en mi casa la revista Genios. Una de las últimas secciones invitaba a “cartearse” con otros lectores. Durante bastante tiempo (al menos varios pares de cartas que fueron y vinieron) me escribí con Andrea, una chica cordobesa de mi edad. Nos mandábamos fotos y compartíamos cosas como si fuéramos amigas de toda la vida, aunque nunca nos vimos. Tan repentinamente como nació se apagó nuestro eufórico intercambio. Recuerdo que la estampilla y el envío salían 75 centavos de aquel entonces…  fue una experiencia hermosa.

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img_00013Hace poco tomé prestada la alegría de recibir correspondencia. Una amiga tiene la buena costumbre de mandar postales cuando está de viaje y así lo hizo en su última travesía. Llegó solita, sin sobre y con su correspondiente estampilla inglesa. Llegó, pese a los kilómetros y el (aparente) desuso del sistema postal, para revolucionar aquella mañana que parecía igual que cualquier otra.

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ABUELA HACIENDO LA LISTA DE LA COMPRA 191110Mi abuela se rehúsa al correo electrónico: no quiere ni pensar en la escritura etérea, casi impersonal que la mayoría de los mortales hacemos a través de Internet. Ya no escribe cartas, pero añora el intercambio epistolar con sus hermanas, la dedicación y el ejercicio intelectual y afectivo que escribir una carta conllevaba.

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Hoy es el Día Mundial del Correo, y pienso cuánto me gustaría revivir la adrenalina de escribir una carta de puño y letra, tomarme la molestia de enviarla (“echarla”) y cuánto más de recibir una respuesta.

El correo tiene sus limitaciones, sobre todo temporales, que atentan contra instantaneidad que hoy predomina en casi todas las actividades humanas. Y quizá en esa misma “deficiencia”, que no pega con los estándares y requerimientos actuales, radica la magia del correo: esa sana ansiedad que nos corroe por no controlar la suerte y el destino de la misiva desde el momento en que nos desprendemos de ella, ni saber cuánto tardará el cartero en devolvernos la ansiada respuesta… La indescriptible satisfacción de tocar, oler, degustar el sobre ajado, la caligrafía de nuestro interlocutor y sus vericuetos, los datos de rigor consignados, la estampilla que realza su grácil presencia… 

Shoefiti

Siempre pensé que las zapatillas colgando del cable de luz es sinónimo de venta de drogas. No sé cuándo, por qué o a través de quién supe del supuesto significado de este símbolo urbano que en realidad tiene múltiples acepciones, entre ellas connotar la compraventa de sustancias ilícitas en las inmediaciones. Lo cierto es que hace poco me sorprendí una vez más con la mencionada señal, y me dispuse a investigar…

Y resulta que la representación “calzado suspendido del tendido eléctrico y/o telefónico” es primeramente concebida como artística, y viene a significar muchísimas situaciones tan diversas como lógicas. Es arte propio de las urbes modernas y se llama SHOEFITI, conjunción de shoe (en inglés zapato) y fiti, en referencia al grafiti que desde hace décadas inunda y abunda en las ciudades posmodernas.

Algunos de los significados que se le atribuyen a los “zapatos colgantes” son:

  • En países donde los sudamericanos son inmigrantes, sirven para marcar territorio;
  • La versión más heavy dice que cuando hay un ajuste de cuentas entre bandas y matan a alguien, le quitan las zapatillas y las cuelgan para que todos lo sepan;
  • En la cultura del hip-hop de Nueva York los graffiteros rayan su nombre en la suela de los zapatos y los lanzan sobre los cables para demarcar su zona;
  • En algunos países latinoamericanos unas zapatillas colgadas en los cables señalarían zonas liberadas por la policías, auspiciando la comisión de delitos, incluido el que mencionaba al principio (drogas);
  • En algunos barrios americanos, esta práctica indica el fallecimiento del portador;
  • También simbolizarían una propiedad ocupada, y la invitación a otros “okupas” a asentarse en el lugar;
  • En Argentina, un suceso reciente dejó cientos de zapatillas colgando como símbolo de tantas muertes absurdas: la masacre de Cromagnon, donde murieron cerca de doscientos asistentes a un recital que terminó en tragedia por el uso irresponsable de bengalas;
  • Otras explicaciones más benévolas aluden a formas de celebrar el fin de curso o anunciar una boda;
  • En España, el shoefiti se refiere a cuestiones más alegres: cuando los soldados del servicio militar obligatorio colgaban sus botas o zapatillas de deporte significaba que habían terminado la mili. En la década del 90 se podían observar cerca de casi todos los cuarteles españoles zapatillas colgadas en los tendidos eléctricos.