El más débil de los humanos y su ventana a la libertad

Los prejuicios y estereotipos son inherentes a toda cultura y criatura humana, mal que nos pese. En un sentido positivo o al menos neutro, sirven como factor de diferenciación entre el yo y los otros, permitiéndonos reconocer las caracterísitcas particulares de unos y otros. La tolerancia y el respeto, si bien no son una solución definitiva ni (por desgracia) universalmente adoptada, sí son una sana contrapartida a las diferencias, en muchos casos abismales, que nos separan.

Un mito dominante a lo ancho y largo del mundo actual dice que la cultura occidental ha menospreciado y atacado a la oriental en numerosísimas oportunidades a lo largo de la historia del mundo, y esa es otra verdad innegable. Pero no siempre el agredido, justamente por haber sido víctima, tiene o ha tenido la grandeza de “estaquear” la violencia con una actitud conciliadora.

En definitiva, al hablar de multiculturalidad y tolerancia racial resulta imposible arrojar la primera piedra. Esto subyace del libro “Estupor y temblores” de la escritora belga Amèlie Nothomb, autobiográfico y portador de “la otra campana” de la agresión que supone la discriminación entre los habitantes de una mitad del planeta y la otra. Sigue leyendo

Estamos invitados a beber el té

Poner en práctica todo el potencial sensorial que los seres humanos tenemos nos permite descubrir una mayor variedad e intensidad en lo que nos rodea. Hace unos días participé en una cata de té donde implicamos todos los sentidos, no solo el del gusto, para enriquecer la experiencia de tomar té y aprender a beberlo. 

El té tiene numerosos nutrientes además de propiedades relajantes. Los países orientales tienen una larga tradición en el té, que data de casi cinco mil años, durante los cuales la infusión pasó de ser una bebida medicinal y aristocrática a un acontecimiento social. 

Catar

Catar

Qatar

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En la Argentina existe una importante producción de té, en su gran mayoría negro, también llamado té común o clásico, cultivado principalmente en Misiones y Corrientes. Muchas personas aducen que no gustan del té por su sabor fuerte y amargo, que contrasta con el dulce o salado de la mayoría de las comidas que ingerimos habitualmente. Para gozar de las bondades del té, el secreto está en el reposo de las hebras: no más de tres minutos para quien pone reparos a su particular sabor. Los endulzantes son mala palabra: distorsionan su sabor y no permiten disfrutarlo en su esencia.

IMG01070-20130925-1606Antes de beber hicimos un ejercicio sensorial esclarecedor: rasgamos el sobre, observamos la textura y el color de las hebras y sentimos su aroma. Té que huele bien, sabe bien; té con aroma insuficiente, sabe a poco. 

Fue un evento muy bien pensado y organizado, donde comimos, bebimos y aprendimos. El hotel estaba inmejorablemente ubicado, el disertante era una eminencia en Latinoamérica y nos regalaron mucho té para seguir degustando en casa. Desde la óptica de la comunicación institucional y las relaciones públicas, la cata de té fue un evento óptimo para posicionar la imagen de marca e inducirme a comprar ese té… ¡hasta que sea viejita!

Cómo comunicar “algo malo” y transformarlo en beneficio corporativo

Hace unas semanas Philip Morris lanzó una edición limitada de cigarrillos mentolados. En las marquesinas de los kioscos que los promocionan, la clásica leyenda “El fumar es perjudicial para la salud. Ley 23.344” fue reemplazada por otras más contundentes: “Fumar causa adicción”; “Fumar quita años de vida”. ¿A qué se debe este cambio, cuando la empresa podría simplemente limitarse a incluir la clásica frase de la ley sin “embarrar” o boicotear su controversial negocio? 

Se trata de un acertado viraje en la comunicación institucional y de producto. La realidad objetiva acerca de los efectos nocivos del cigarrillo son mundialmente conocidos y probados. Evidentemente los intereses corporativos chocan con las presiones de organismos de salud y medio ambiente para erradicar el tabaquismo. Las dos tendencias son fuertes; prueba de ellos son las exhuberantes ganancias de las empresas en concepto de ventas, por un lado, y las leyes anti tabaco o los difundidos y múltiples tratamientos para dejar de fumar. Ante este complejo panorama, ¿cómo debería actuar la empresa, para lograr los resultados deseables (ganancias) sin ser tildado como “socialmente irresponsable”? Philip Morris no se contentó con cumplir con lo que la ley exige, sino que explicitó aún más las consecuencias nefastas que provoca el cigarrillo. No escatimó en el uso de palabras fuertes como ADICCIÓN y QUITA AÑOS DE VIDA. Formuló frases cortas que provocan impacto, para encabezar las promociones de su flamante producto.

Enmarcando esta acción de comunicación en la Teoría de la Persuasión, se entiende que a un público con conocimiento del tema (“múltiples consecuencias demuestran que el cigarrillo es malo”) no se le deben ocultar ni demorar los argumentos. La campaña de Philip Morris se desdobla: la promoción del producto apunta a los fumadores, y las “advertencias” a los no fumadores. Estas llamativas aseveraciones acerca del producto que ellos mismos comercializan no hacen sino cumplir con la ley e incluso sobrepasarla, generando impacto en aquellos no fumadores y consolidando su actitud y opinión frente al mismo.