Morir para contarlo

gaboCon la muerte de un escritor se aviva (o re-aviva, según el caso) una oleada de lectores que momentos atrás desconocían, ignoraban y hasta rechazaban la obra del personaje en cuestión. Es lo que hoy se observa tras el deceso de Gabriel García Márquez, y es lo que ha sucedido con tantos otros autores. De pronto, todos lo lloran, todos comparten sus fotos en las redes sociales y se lamentan al unísono con la columna de opinión del diario o el informe del noticiero. Y naturalmente, de una manera u otra se acercan a esos libros antes lejanos de su órbita de interés. Las ventas se disparan y los comentarios proliferan casi tanto como los nuevos exégetas del genial Gabo. Y no está del todo mal que esto suceda.

Después de todo, ¿no es el mejor homenaje que se le puede rendir a un escritor, mucho más fecundo y perdurable que el luto mediático ocasional? Dejar de lado los prejuicios, las dudas sobre lo desconocido o una aparente complejidad narrativa para entender lo que esa persona fue o intentó ser con su vida, qué legado nos deja y cómo ansía ser recordado. Porque los libros de un escritor, al fin y al cabo, no son más que su forma particular de trascendencia, su huella originalísima en el tiempo que le ha tocado en suerte. Si tanta gente no tuvo el placer de gozarlo y conocerlo en vida, ¿cuál es el mal de hacerlo aunque sea una vez muerto?

El vuelco masivo a la literatura “garcíamarquesa que muchos experimentan por estos días no es sorpresivo: las circunstancias y el autor mismo lo ameritan licítamente. Idéntica conmoción originaron las pérdidas irreparables de autores entrañables de los últimos tiempos: J.D. Salinger, Ernesto Sabato, Carlos Fuentes, Tomás Eloy Martinez, José Saramago y Eric Hobsbawm son claros ejemplos de un mismo síntoma social: “uno no valora lo que tiene hasta que lo pierde”, según reza un dicho popular.

vivir paQuienes tuvimos la suerte y el agrado de leer en vida a García Márquez y a tantos otros que hoy nos faltan, probablemente no volvamos con periodicidad a su obra, por esa manía de la buena literatura de sumergirnos en caminos paralelos o cruzados que no permiten distracciones ni vuelta atrás: es la magia de la intertextualidad. En cambio, estos neolectores, lectores ocasionales, visitantes post mortem de Gabo y de tantos más le dan un nuevo impulso y sentido a una vida y una tarea consagrada a alumbrar los intrincados caminos de la humanidad.

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Sueña que la descubren para que baile en televisión

ddiezCon una rapidez que (ya casi) no me sorprende se pasó mi primer mes de pasantía en Canal 10

Por esas circunstancias de la vida me tocó hacer mis prácticas profesionales en un ámbito que de haber podido elegir, probablemente no hubiera estado entre mis preferencias. Y justamente por eso, cuando llegó la propuesta me decidí: creo que este es el momento para trabajar y sumar experiencia en un lugar al el que tal vez no vuelva, además de una actitud positiva como futura profesional.

Y resulta que la tele me está gustando más de lo que pensaba. Por una parte, es estimulante y hasta gratificante corroborar que las rutinas informativas y periodísticas que nos enseñan se aplican en mayor o menor medida, aunque se trate de un canal local. Aclaro: no estoy poniéndole la cara a ningún programa. Lo mío es detrás de cámara, lo que no se ve pero cada vez resulta más en claro que existe, y que es el motor y la base de cualquier propuesta audiovisual. La producción de contenidos, sea para el medio que sea, es ciertamente vital incluso para el acto de comunicación mismo: se trata de contar historias, y ponerlas al aire implica previamente recabar datos, desde información dura hasta testimonios y el siempre bien ponderado material visual (los videos son la golosina favorita de la televisión). En eso consiste mi trabajo: en oscilar desde el teléfono a la computadora, desde la base de datos e Internet a las gacetillas y el mail, buscando o generando cosas que contar para un segmento amplio de televidentes.

plato

Atender las llamadas de los que quieren “ganarse un premio del sorteo” sin tener en cuenta que antes tienen que jugar y competir.

Escuchar gente que cree estar llamando a la radio o al canal de la competencia, antes de acertar en la respuesta (¿habitues de los medios?).

Recibir quejas de la señora que se resiste a escuchar los adelantos de la novela, porque “para eso tengo el canal sintonizado todo el día desde temprano (!), para verlos con mis propios ojos”.

A veces eso también forma parte de mi trabajo, y me divierte sobremanera.

Mitos electorales


Que los medios de comunicación manipulan signos y símbolos para transmitir un mensaje, que según los intereses imperantes puede parecerse mucho, poquito o nada a la realidad a la que se refiere, es harto conocido. Sin embargo, caer en el facilismo de culparlos por todas las representaciones sociales erróneas de nuestros tiempos es tan dañino como creer ciegamente en su benevolencia. En la generación de acontecimientos mediatizados no sólo hay reporteros y editores. Arriba, un Mr. Power casi siempre ávido de money. Abajo, un público sediento de información de cualquier tipo, mucha y preferentemente detallada[Un ejemplo actual: el doctor Burlando (una mezcla de Arnold Schwarzenegger y Ricardo Fort) hablando sobre la supuesta presencia de un perro en el cautiverio de Candela… violando el secreto de sumario y aportando información que el público no tiene por qué saber]

Pienso que los defenestrados medios de comunicación no deben cargar con toda la resposabilidad por el uso y abuso de su poder creador de imaginarios. También debemos centrar la mirada en el de arriba, el poderoso, el que tiene intereses trascendentes al discurso y que encuentra en las corporaciones mediáticas un camino seguro para hacer eco.

El (ex? vendido?) candidato a gobernador de Buenos Aires por la UDESO Francisco “Colo” De Nárvaez, estuvo hoy a la mañana caminando por la Guemes’ street (zona top de Mar del Plata) con su compañera de fórmula Mónica López. Desde mi humilde lugar de trabajo, vi que en la puerta se agolpaban chicos de rojo, muchos fotógrafos y gente demasiado sonriente. Cuando divisé el metro ochenta y pico del Colo, de impecable camisa blanca y con su tatuaje en el cuello (sí, es de verdad!), mi costado #cholulometidomandadoinquisidor, siempre a flor de piel, me movió a correr, subir, buscar el celular, salir, colarme, sacarle una foto. Los fotógrafos que retrataban al político hablando y saludando a señoras grandes, conversadoras y rellenitas, de pronto se hicieron a un lado. Quedó Francisco solo, observado. Era el momento ideal para tomarle la foto y retirarme.

"Estoy pensando un plan"

"Estoy pensando un plan"

Somos seres gregarios. La soledad nos pesa a todos. Fue un instante en el que la reputación y el mito tambalearon. A menos de un metro estaba yo, con mi celular en alto.  Una joven, entusiasta de la política y defraudada por los políticos en partes iguales. Muy, muy lejos de simpatizar con el empresario y candidato; más lejos de depositarle mi voto de confianza en alguna instancia electoral. En ese momento, me tranformé en su salvación.

Se me acercó rápido y me dijo “Hola!”, sorprendido, nervioso, apurado, agradecido, suplicante. Mi cholulismo y verborragia pudo más que las pocas pulgas. “Hola, Francisco! Gracias por visitarnos (?)”. “No, por favor”. Su sonrisa era ahora más confiada, canchera, casi franca. Recién entonces volvieron a dispararse los flashes.

Escena 1, toma 1: político en campaña

Escena 1, toma 1: político en campaña

Queridos compatriotas que nunca estuvieron en vivo y en directo con un político en campaña: no crean en la imagen y supuesta actitud del salvador asediado por la muchedumbre. Hoy yo misma fui avanzada por un pastor que de repente se halló sin rebaño y que me propuso, sin decirlo, protagonizar un espectáculo fugaz para la trasmisión en diferido.