Power to the people

Instagram es una de las redes sociales de moda, y quien quiera conocer los números o las razones que mire aquí.

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Mi experiencia personal es muy grata y soy una ferviente usuaria: casi a diario publico fotos en mi cuenta @jumonacchi, veo y gusto de las fotos de mis contactos y exploro por temáticas o personas relevantes.

Si tuviera que definir la esencia de Instagram en dos palabras, diría que el desplazamiento y lo cotidiano son sus estandartes. Sencillamente, porque no se puede actualizar desde una computadora: es una app que nos obliga a movernos, a salir y captar momentos nimios o grandilocuentes desde un celular o tablet, pero nunca sentados delante del escritorio.

actualizacion-instagram-Bastante antes de que Instagram se pusiera de moda, ya la inserción de una cámara fotográfica en dispositivos móviles supuso una verdadera revolución que “empoderó” a las personas comunes para tomar sus fotografías como y cuando quisieran. Pero una cosa es que la fotografía amateur se popularice y otra muy distinta es sacar buenas fotos, con valor estético/artístico y de buena calidad. En este punto Instagram acorta las distancias: es que con sus filtros, encuadres, rotaciones y brillos de muy fácil manejo cualquier fotografía parece espléndida, por muy pobre que sea su forma o su contenido.

Instagram es el aditivo ideal para una gran proporción de mortales que desconocemos el arte de la fotografía, mientras que cuestiona los roles del fotógrafo o el editor, que antes resultaban imprescindibles. Sin embargo, tomar una buena foto es más que pintarrajearla y agregarle colorantes. ¿Qué opinan los profesionales de la fotografía o los aficionados a este arte? ¿Verdaderamente Instagram pone en jaque sus preceptos tradicionales o es solo una forma de difundir masivamente el amor a la fotografía, pero sin anularla?

Sueña que la descubren para que baile en televisión

ddiezCon una rapidez que (ya casi) no me sorprende se pasó mi primer mes de pasantía en Canal 10

Por esas circunstancias de la vida me tocó hacer mis prácticas profesionales en un ámbito que de haber podido elegir, probablemente no hubiera estado entre mis preferencias. Y justamente por eso, cuando llegó la propuesta me decidí: creo que este es el momento para trabajar y sumar experiencia en un lugar al el que tal vez no vuelva, además de una actitud positiva como futura profesional.

Y resulta que la tele me está gustando más de lo que pensaba. Por una parte, es estimulante y hasta gratificante corroborar que las rutinas informativas y periodísticas que nos enseñan se aplican en mayor o menor medida, aunque se trate de un canal local. Aclaro: no estoy poniéndole la cara a ningún programa. Lo mío es detrás de cámara, lo que no se ve pero cada vez resulta más en claro que existe, y que es el motor y la base de cualquier propuesta audiovisual. La producción de contenidos, sea para el medio que sea, es ciertamente vital incluso para el acto de comunicación mismo: se trata de contar historias, y ponerlas al aire implica previamente recabar datos, desde información dura hasta testimonios y el siempre bien ponderado material visual (los videos son la golosina favorita de la televisión). En eso consiste mi trabajo: en oscilar desde el teléfono a la computadora, desde la base de datos e Internet a las gacetillas y el mail, buscando o generando cosas que contar para un segmento amplio de televidentes.

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Atender las llamadas de los que quieren “ganarse un premio del sorteo” sin tener en cuenta que antes tienen que jugar y competir.

Escuchar gente que cree estar llamando a la radio o al canal de la competencia, antes de acertar en la respuesta (¿habitues de los medios?).

Recibir quejas de la señora que se resiste a escuchar los adelantos de la novela, porque “para eso tengo el canal sintonizado todo el día desde temprano (!), para verlos con mis propios ojos”.

A veces eso también forma parte de mi trabajo, y me divierte sobremanera.

Mitos electorales


Que los medios de comunicación manipulan signos y símbolos para transmitir un mensaje, que según los intereses imperantes puede parecerse mucho, poquito o nada a la realidad a la que se refiere, es harto conocido. Sin embargo, caer en el facilismo de culparlos por todas las representaciones sociales erróneas de nuestros tiempos es tan dañino como creer ciegamente en su benevolencia. En la generación de acontecimientos mediatizados no sólo hay reporteros y editores. Arriba, un Mr. Power casi siempre ávido de money. Abajo, un público sediento de información de cualquier tipo, mucha y preferentemente detallada[Un ejemplo actual: el doctor Burlando (una mezcla de Arnold Schwarzenegger y Ricardo Fort) hablando sobre la supuesta presencia de un perro en el cautiverio de Candela… violando el secreto de sumario y aportando información que el público no tiene por qué saber]

Pienso que los defenestrados medios de comunicación no deben cargar con toda la resposabilidad por el uso y abuso de su poder creador de imaginarios. También debemos centrar la mirada en el de arriba, el poderoso, el que tiene intereses trascendentes al discurso y que encuentra en las corporaciones mediáticas un camino seguro para hacer eco.

El (ex? vendido?) candidato a gobernador de Buenos Aires por la UDESO Francisco “Colo” De Nárvaez, estuvo hoy a la mañana caminando por la Guemes’ street (zona top de Mar del Plata) con su compañera de fórmula Mónica López. Desde mi humilde lugar de trabajo, vi que en la puerta se agolpaban chicos de rojo, muchos fotógrafos y gente demasiado sonriente. Cuando divisé el metro ochenta y pico del Colo, de impecable camisa blanca y con su tatuaje en el cuello (sí, es de verdad!), mi costado #cholulometidomandadoinquisidor, siempre a flor de piel, me movió a correr, subir, buscar el celular, salir, colarme, sacarle una foto. Los fotógrafos que retrataban al político hablando y saludando a señoras grandes, conversadoras y rellenitas, de pronto se hicieron a un lado. Quedó Francisco solo, observado. Era el momento ideal para tomarle la foto y retirarme.

"Estoy pensando un plan"

"Estoy pensando un plan"

Somos seres gregarios. La soledad nos pesa a todos. Fue un instante en el que la reputación y el mito tambalearon. A menos de un metro estaba yo, con mi celular en alto.  Una joven, entusiasta de la política y defraudada por los políticos en partes iguales. Muy, muy lejos de simpatizar con el empresario y candidato; más lejos de depositarle mi voto de confianza en alguna instancia electoral. En ese momento, me tranformé en su salvación.

Se me acercó rápido y me dijo “Hola!”, sorprendido, nervioso, apurado, agradecido, suplicante. Mi cholulismo y verborragia pudo más que las pocas pulgas. “Hola, Francisco! Gracias por visitarnos (?)”. “No, por favor”. Su sonrisa era ahora más confiada, canchera, casi franca. Recién entonces volvieron a dispararse los flashes.

Escena 1, toma 1: político en campaña

Escena 1, toma 1: político en campaña

Queridos compatriotas que nunca estuvieron en vivo y en directo con un político en campaña: no crean en la imagen y supuesta actitud del salvador asediado por la muchedumbre. Hoy yo misma fui avanzada por un pastor que de repente se halló sin rebaño y que me propuso, sin decirlo, protagonizar un espectáculo fugaz para la trasmisión en diferido.