Nuestra mirada flagelada de mar camina por su cielo

Plazoleta Jorge Luis Borges

Plazoleta Jorge Luis Borges. Ph: @pmperug

Hace unos días se cumplieron trece años de la inauguración del imponente mural a la memoria de Jorge Luis Borges. El escritor visitó por última vez Mar del Plata en 1985, y dicen los exégetas de su obra que la ciudad inspiró muchos de sus relatos. 

El diseño del mural de nueve metros de alto por catorce de ancho estuvo a cargo del artista y humorista argentino Rep, uno de los tantos admiradores del inolvidable escritor. Consiste en una vista panorámica de la emblemática costa marplatense, en la cual su atractivo natural y edilicio está representado por letras y libros: elementos típicos del universo de cualquiera que se precie de ser escritor, ¡y cuánto más de una figura mundialmente reconocida que hizo de la lengua un culto, como fue Jorge Luis Borges!

De esta ciudad emerge el homenajeado, “observando” todo con calma y concentración. Cierto es que durante sus últimos treinta años Borges vivió y creó estando completamente ciego, y allí también radica su genialidad: el aparente impedimento no hizo más que potenciar su obra y desarrollarle un sentido especial de la percepción para ver y encontrar allí donde otros no vieron ni encontraron nada digno de destacar.

Este mural es un esfuerzo mancomunado y un reconocimiento a uno de nuestros íconos culturales ante el mundo, que hace de la Plazoleta Borges un acogedor espacio que no pasa desapercibido.

*El título de este post pertenece al poema Singladura, compilado en el libro “Luna de enfrente” (1925), de Jorge Luis Borges. Es uno de los tantos testimonios escritos, líricos y literarios de la afición de Borges, entre tantas otras cosas, por el mar.

Shoefiti

Siempre pensé que las zapatillas colgando del cable de luz es sinónimo de venta de drogas. No sé cuándo, por qué o a través de quién supe del supuesto significado de este símbolo urbano que en realidad tiene múltiples acepciones, entre ellas connotar la compraventa de sustancias ilícitas en las inmediaciones. Lo cierto es que hace poco me sorprendí una vez más con la mencionada señal, y me dispuse a investigar…

Y resulta que la representación “calzado suspendido del tendido eléctrico y/o telefónico” es primeramente concebida como artística, y viene a significar muchísimas situaciones tan diversas como lógicas. Es arte propio de las urbes modernas y se llama SHOEFITI, conjunción de shoe (en inglés zapato) y fiti, en referencia al grafiti que desde hace décadas inunda y abunda en las ciudades posmodernas.

Algunos de los significados que se le atribuyen a los “zapatos colgantes” son:

  • En países donde los sudamericanos son inmigrantes, sirven para marcar territorio;
  • La versión más heavy dice que cuando hay un ajuste de cuentas entre bandas y matan a alguien, le quitan las zapatillas y las cuelgan para que todos lo sepan;
  • En la cultura del hip-hop de Nueva York los graffiteros rayan su nombre en la suela de los zapatos y los lanzan sobre los cables para demarcar su zona;
  • En algunos países latinoamericanos unas zapatillas colgadas en los cables señalarían zonas liberadas por la policías, auspiciando la comisión de delitos, incluido el que mencionaba al principio (drogas);
  • En algunos barrios americanos, esta práctica indica el fallecimiento del portador;
  • También simbolizarían una propiedad ocupada, y la invitación a otros “okupas” a asentarse en el lugar;
  • En Argentina, un suceso reciente dejó cientos de zapatillas colgando como símbolo de tantas muertes absurdas: la masacre de Cromagnon, donde murieron cerca de doscientos asistentes a un recital que terminó en tragedia por el uso irresponsable de bengalas;
  • Otras explicaciones más benévolas aluden a formas de celebrar el fin de curso o anunciar una boda;
  • En España, el shoefiti se refiere a cuestiones más alegres: cuando los soldados del servicio militar obligatorio colgaban sus botas o zapatillas de deporte significaba que habían terminado la mili. En la década del 90 se podían observar cerca de casi todos los cuarteles españoles zapatillas colgadas en los tendidos eléctricos.

No se puede hacer más lento

magoRené Lavand es un ilusionista argentino aclamado a nivel mundial.  Su destreza con las cartas le valió tal fama, pero su mérito es aún mayor: a René Lavand le falta su brazo derecho desde los nueve años, pero no la rapidez para barajar y dar de nuevo con su única mano hábil.

Lo que no te mata te fortalece, y René Lavand da fe de ello. En su “limitación” encontró su estilo y su gloria, y es su manera particular de ilusionar lo que lo convirtió en artista. “Antes de encontrar mi estilo y mi forma de diferenciarme era un simple mago”, se le oirá decir; “pero desde entonces soy un verdadero artista”.

Lavand y Del Potro: ídolos argentinos y tandilenses

Lavand y Del Potro: ídolos argentinos y tandilenses

René Lavand nació y vive en Tandil, retirado de la ciudad en una casa de ensueño. Sobre su vida y obra se filmó un documental, “El gran simulador”, que trasmite desde su lugar en el mundo a un Lavand transparente, auténtico y vital. Nos sigue dejando con la boca abierta con cada truco y nos hace desternillar de risa con su humor a prueba de pálidas. Nos trasmite satisfacción y ganas de superarse con una actitud resiliente y pasional.

Lavand se considera un cínico. Es que su oficio es cinismo puro; él lo sabe y nos lo recuerda: hace cosas que no son reales, tienta al azar y aunque pierde no lo deja entrever a los sentidos. Vende ilusiones, oasis, falsedades que igualmente gratifican. Porque es un artista y un luchador de la vida, y porque lo hace con estilo. No se puede hacer más lento” era una de sus frases de cabecera cada vez que salía a escena, y lo repite hasta el último engaño. El ilusionismo de René Lavand es cinismo, incredulidad y euforia en cada pasada, pero con estilo.

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“El gran simulador” se emitió en la IX edición del Festival Internacional de Cine Independiente de Mar del Plata (MARFICI), en la categoría Competencia Internacional de Documentales. En la proyección del miércoles 8 de agosto contó con la presencia del mismísimo protagonista, que a sala llena demostró una vez más su soltura también en la vida real. Bajo la dirección de Néstor Frenkel y con apoyo del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), “El gran simulador” es un retrato vivo y fiel de un artista inolvidable. Yo tengo a “El gran simulador” como candidata a ganar la terna, ¡el sábado sabremos si tiene suerte!