Para ver hay que mirar

“Si quieren conocer una ciudad, miren para arriba. Levanten la vista; no se detengan únicamente en lo evidente, en lo ‘turísticamente correcto’. Busquen en los detalles y encuentren la otra cara de las cosas. Eso es lo que vale la pena conocer”. Sabio consejo que nos dio una querida profesora hace muchos años, y cuánta razón tenía. Hay que mirar para arriba, y yo agrego: y para abajo y a los costados; hay detenerse en lo pequeño, en los bordes que manifiestan la esencia y la cultura del lugar. 

La riqueza de un lugar también reside en su capital humano, en lo doméstico, en la interacción cotidiana y no solo en los íconos que los circuitos turísticos pretenden ensalzar. Hecha su fama, pueden echarse a dormir tranquilos que nunca les faltarán visitantes, flashes y reconocimiento. El verdadero desafío del viajero reside en descubrir bondad y belleza en los lugares más recónditos y aparentemente comunes; es encontrar nuevos atractivos y maravillarse con lo pequeño.

Si hay una ciudad fuera de serie, esa es Nueva York: todo lo urbano, capitalista, moderno y grandilocuente que uno puede imaginar está inmortalizado allí. Pero también se luce en cuestiones aparentemente menos relevantes: en su crisol de razas, en sus barrios marginales, en sus pequeñas tiendas, en su cultura callejera, en sus graffitis y en sus parques… Ante los ojos del mundo, la metrópoli global por excelencia es sinónimo de Times Square, Broadway, las Torres Gemelas y la Estatua de la Libertad. Nueva York en todo eso, sí, pero es mucho más; lo esencial es (casi) invisible a los ojos, pero se hace presente en su justa medida a lo largo y ancho de la ciudad, lo suficiente para poder percibirlo y disfrutarlo.

El ojo curioso de Fernanda Álvarez, ávido de historias y lugares, inmortalizó postales tan imperdibles como el Empire State pero alejados del cliché. En las fotos de Fer impera la frescura y la búsqueda de nuevos valores en una ciudad atiborrada: el resultado es tierno, adorable. Un gran acierto de su recorrido es expandir los límites de NYC, yendo más allá del circuito turístico convencional para bucear en rincones alejados pero con brillo propio.  Me gustan todas y cada una de las fotos que componen ‘Wandering New York’: cada lugar retratado podría ser una composición hecha adrede, pero se trata de una auténtica viajera que pone su atención en el lugar adecuado. Habrá lugar para alguna que otra foto de los lugares emblemáticos conocidos por todos, pero en el inevitable recorte predominan momentos casuales con una estela puramente neoyorkina.

Conocí el libro de Fer antes de viajar a NYC; una vez allí me inspiré en su mirada para enfocar productivamente la mía. Hoy pasaron varios meses de ese viaje alucinante pero vuelvo mentalmente cada vez que veo las fotos de ‘Wandering…’. Sin dudas las fotos vagabundas de Fernanda son fieles exponentes de ese no sé qué neoyorkino.

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Wandering New York- Fernanda Álvarez

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Viaje a dedos

Hay una escultura en Punta del Este (Uruguay) que adorna sus afamadas playas y aporta un motivo artístico para visitarlas. Responde a distintos nombres: “Los dedos” (su denominación popular), simplemente “La mano” o el poético “Hombre emergiendo a la vida”, y está localizada en la parada 1 de la popular playa La Brava.

mario iFue erigida por el escultor chileno Mario Irrazábal en 1981, en el marco de la Primera Reunión Internacional de Escultura Moderna al Aire Libre y signó para siempre la obra y el destino del artista y de la ciudad receptora. La historia tiene ribetes particulares: Irrazábal era el artista más joven de todos los convocados, y ante los problemas surgidos en el lugar original de emplazamiento (la plaza pública) decidió crear su obra en la playa. Apenas le llevó seis días terminarla. El azote del viento del Atlántico no hizo mella en su ímpetu ni en el porte majestuoso de la mano; la cuidada elección de los materiales y formas constructivas hicieron que los dedos resistieran incólumes a las ráfagas, las mareas y el paso del tiempo.

La escultura le valió rápidamente el reconocimiento mundial a su autor, que en los años sucesivos erigió manos similares en geografías diversas: en Madrid en 1987, en el desierto chileno de Atacama en 1992 y en Venecia, la cittá delle gondolieri, en 1995.

Acaso uno de los misterios más grandes de la mano radica en las variadas interpretaciones recibidas. Su autor, fiel al precepto de que son los espectadores quienes completan el significado o se rebelan ante las ideas impuestas y la resignifican por completo, no se ha pronunciado de manera categórica sobre el sentido primero de “su” mano. Y es que seguramente el paso de los años, las circunstancias personales y sociales y la asociación entre esa mano que emerge con vigor y la reconocida ciudad balnearia de Punta del Este, han hecho mutar también la percepción de su mentor. 

Algunos se inclinan por pensar que la mano servía para advertir a los bañistas de la peligrosidad de las aguas; de aquí deviene el nombre de “La Brava”. Otros hablan del simbolismo presente en esa mano enraizada con la naturaleza, que nos recuerda el vínculo indisoluble entre el hombre y su entorno natural. Las diversas interpretaciones no hacen más que incrementar la riqueza y el atractivo simbólico y estético de la pieza.

En cuanto leí de los dedos y su historia me propuse conocerlos cuanto antes. Metele pata que nos vamos a ver la mano!

Skidrobot, el artista (de los) sin techo

Con este post retomo el blog e inauguro una nueva etapa:  (me) llegó el momento de compartir historias que ya están en curso, donde “mi inventiva” se verá parcialmente suspendida para hablar de lo(s) que ya existe(n): esa frase, esa intervención, esa creación a mis ojos deslumbrante e ingeniosa que, al menos para mis parámetros subjetivos, cabe en el ancho mundo del arte. 

piotrMe gusta “recolectar artistas”, atesorar en mi retina obras de arte clásico y contemporáneo que hablan del sujeto creador, su forma de reconocerse humano y de ligarse con la humanidad en su conjunto. Estoy lejos de practicar alguna de estas actividades que admiro, pero por ahora me contento con ser intermediaria y darlas a conocer.

Las manifestaciones artísticas son tan esquivas a la cuantificación como los granos de arena, porque son infinitas y de tan variadas se superponen, se invisibilizan. Pero ese no es motivo suficiente para desistir. Todo esto para aclarar que la selección sigue la lógica de mis gustos e intereses, con lo cual muchas obras igualmente dignas de mi atención quedarán afuera, y pido perdón de antemano por ello.

Queda formalmente explicada e inaugurada esta “sección”, espero que la disfruten tanto como yo y espero aportes y sugerencias! 🙂

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Skidrobot es el seudónimo de un artista callejero de origen argelino que recorre las calles de Los Ángeles, una ciudad con gran cantidad de homeless o personas sin hogar. Nuestro artista retrata la cruda realidad de quienes duermen en la calle con unas pocas pertenencias y casi nada de comodidades: “pinta” sus casas en los paredones que harán de almohada y despliega palacios de aerosol… que quedarán “deshabitados” tan pronto como sus moradores de forzado espíritu nómade emigren empujados por las vicisitudes de la vida en la calle. Skidrobot imagina sus preocupaciones, descifra sus sueños, ironiza con sus deseos y expone sus historias, poniendo en el tapete una problemática vigente en muchísimas ciudades de todo el mundo, muchas de ellas ricas y prósperas… pero no para todos.

Sus creaciones y las historias de vida de sus “modelos” pueden verse en Twitter, Tumblr e Instagram.