Viaje a dedos


Hay una escultura en Punta del Este (Uruguay) que adorna sus afamadas playas y aporta un motivo artístico para visitarlas. Responde a distintos nombres: “Los dedos” (su denominación popular), simplemente “La mano” o el poético “Hombre emergiendo a la vida”, y está localizada en la parada 1 de la popular playa La Brava.

mario iFue erigida por el escultor chileno Mario Irrazábal en 1981, en el marco de la Primera Reunión Internacional de Escultura Moderna al Aire Libre y signó para siempre la obra y el destino del artista y de la ciudad receptora. La historia tiene ribetes particulares: Irrazábal era el artista más joven de todos los convocados, y ante los problemas surgidos en el lugar original de emplazamiento (la plaza pública) decidió crear su obra en la playa. Apenas le llevó seis días terminarla. El azote del viento del Atlántico no hizo mella en su ímpetu ni en el porte majestuoso de la mano; la cuidada elección de los materiales y formas constructivas hicieron que los dedos resistieran incólumes a las ráfagas, las mareas y el paso del tiempo.

La escultura le valió rápidamente el reconocimiento mundial a su autor, que en los años sucesivos erigió manos similares en geografías diversas: en Madrid en 1987, en el desierto chileno de Atacama en 1992 y en Venecia, la cittá delle gondolieri, en 1995.

Acaso uno de los misterios más grandes de la mano radica en las variadas interpretaciones recibidas. Su autor, fiel al precepto de que son los espectadores quienes completan el significado o se rebelan ante las ideas impuestas y la resignifican por completo, no se ha pronunciado de manera categórica sobre el sentido primero de “su” mano. Y es que seguramente el paso de los años, las circunstancias personales y sociales y la asociación entre esa mano que emerge con vigor y la reconocida ciudad balnearia de Punta del Este, han hecho mutar también la percepción de su mentor. 

Algunos se inclinan por pensar que la mano servía para advertir a los bañistas de la peligrosidad de las aguas; de aquí deviene el nombre de “La Brava”. Otros hablan del simbolismo presente en esa mano enraizada con la naturaleza, que nos recuerda el vínculo indisoluble entre el hombre y su entorno natural. Las diversas interpretaciones no hacen más que incrementar la riqueza y el atractivo simbólico y estético de la pieza.

En cuanto leí de los dedos y su historia me propuse conocerlos cuanto antes. Metele pata que nos vamos a ver la mano!

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