Blanca, negra y muda… todo en contra y todo a favor


Hace unos días asistí a la proyección de la película ‘The Cameraman’ (1928), con la imperdible actuación de Buster Keaton, genial actor y poco favorecido por el “boom Chaplin” de aquellos años.

La experiencia fue gratificante y original por la confluencia de expresiones artísticas: al visionado de la película muda se sumó la interpretación de una orquesta de músicos que aportaron su interpretación de la comedia cinematográfica.

El resultado global fue óptimo y me dejó reflexionando acerca de la riqueza de cada disciplina y de sus múltiples posibilidades expresivas. Con el correr de los años los cambios son patentes tanto en el cine como en la música, favorecidos por nuevas tendencias y técnicas más auspiciosas. Sin embargo, los estilos actuales no desmerecen la fascinación que despertaran ya en sus comienzos; remotos para la interpretación musical, más cercanos los del cine.

La película fue la expresión dominante; mantuvo la tensión dramática y generó carcajadas y preocupación con cada paso accidentado del protagonista. Todo eso y más, prescindiendo de todo agregado sonoro. La fuerza visual del relato y en especial los intérpretes, que hablaron sin que se los oiga, fueron suficiente. Su cuerpo, sus gestos, sus exageraciones y miradas surtieron un efecto tan cautivante como un diálogo cuidadosamente planificado. 

Y quienes disfrutamos con una película hecha hace casi noventa años fuimos nosotros, los nativos digitales, los tecnócratas, los que rara vez prescidimos de la hiperconexión. Era claro que si algo le faltaba a esa obra maestra, blanca, negra y muda, era el sonido más que el color. Y en nuestro auxilio vinieron los acordes (“jazzeros”, según dijeron los que saben), para ambientar la época y las acciones descritas en ‘The Cameraman’ y aportar matices, especular e indicarnos cuándo reir, cuándo temblar. La interpretación musical avanzaba o se detenía según lo determinara cada escena y jamás entorpeció el visionado ni desvió la atención, sino que se subordinó a los sucesos narrados, pero haciendo evidente su aporte. En mi mente, la música “salía” de la película, aunque si hubiera mirado levemente a mi izquierda hubiera visto a los artistas concentrados en fundir su ritmo al de Keaton, que ciertamente era veloz. 

Buen cine y buena música en un lugar tan ideal como la costa marplatense; los pies al contacto con la arena ya fría y la luna llena como espectadora de lujo. Gracias a la Municipalidad de San Isidro por tan buena propuesta y excelente autopromoción en el ámbito cultural.

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2 comentarios en “Blanca, negra y muda… todo en contra y todo a favor

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