El más débil de los humanos y su ventana a la libertad


Los prejuicios y estereotipos son inherentes a toda cultura y criatura humana, mal que nos pese. En un sentido positivo o al menos neutro, sirven como factor de diferenciación entre el yo y los otros, permitiéndonos reconocer las caracterísitcas particulares de unos y otros. La tolerancia y el respeto, si bien no son una solución definitiva ni (por desgracia) universalmente adoptada, sí son una sana contrapartida a las diferencias, en muchos casos abismales, que nos separan.

Un mito dominante a lo ancho y largo del mundo actual dice que la cultura occidental ha menospreciado y atacado a la oriental en numerosísimas oportunidades a lo largo de la historia del mundo, y esa es otra verdad innegable. Pero no siempre el agredido, justamente por haber sido víctima, tiene o ha tenido la grandeza de “estaquear” la violencia con una actitud conciliadora.

En definitiva, al hablar de multiculturalidad y tolerancia racial resulta imposible arrojar la primera piedra. Esto subyace del libro “Estupor y temblores” de la escritora belga Amèlie Nothomb, autobiográfico y portador de “la otra campana” de la agresión que supone la discriminación entre los habitantes de una mitad del planeta y la otra.

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Amèlie Nothomb (1967-)

Pese a haber vivido durante casi toda su vida en Japón y dominar perfectamente su idioma y costumbres, Amèlie sufrió la incomprensión y rigurosidad desmedida de sus colegas en la empresa Yumimoto, donde incomodan su procedencia belga, su inconfundible aire occidental y su personalísima forma de ser y entender el mundo. Su superiora inmediata es una mujer joven con la que lo único que comparte es la feminidad. Fubuki representa el prototipo de la mujer perfecta en el país del Sol Naciente: intachable y correcta en sus gustos y modales, de una envidiable belleza pero sufrida y subyugada por los hombres y sus mandatos. Fubuki descarga su frustración y el placer desmedido que le produce su reducto de poder en Amèlie, discreta pero implacablemente. Fubuki es la única mujer en la escala de mando que inmoviliza física y mentalmente a Amèlie; pese a que hallará la benevolencia del mismísimo presidente de la compañía y del señor Tenshi, el obeso Omochi encarnará la grosería y salvajismo en aquel reducto, tan exitista como el occidental, donde vivir se reduce a trabajar y la felicidad, a la jerarquía del puesto desempeñado y la posibilidad de ascenso. Japón tiene una de las tasas de suicidios más alta del mundo y “lo que me sorprende es que no sea todavía más frecuente”, dice Nothomb; es que lo que ella concibe como “vida” dista mucho de la conducta autómata que se le exije en los sucesivos puestos que le confieren, con burlas cada vez más denigrantes.

AmélieEl relato es crudo, introspectivo y sentimental sin caer en sentimentalismos: Nothomb narra aquellos penosos días de maltrato y conmueve sin pretender dar lástima ni apelar al llanto. A la adversidad decidió contrarrestarla con la disociación mental: cuanto mayor era caída emocional y en el escalafón laboral, más se convencía de lo que le tocaba era adecuado, correcto, lo que tenía que ser. De cada golpe y muestra de desprecio quisiera aprender, valorar, adoptar una nueva actitud que la sostenga, que redunde en algo, por mínimo que sea, que justifique su alocada perseverancia.

“Estupor y temblores” es un excelente autorretrato novelado, por los mitos que derriba y los “entretelones” que revela: detrás de una aparente e impoluta felicidad se esconde una sociedad conformista, verticalista y profundamente injusta con la alteridad representada por la mujer y el extranjero. No pretendo juzgar, sí conocer, y celebro la vocación inquisidora de la literatura cuando descorre el velo y cuestiona el discurso, por más “instalado” que esté en el imaginario colectivo.

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