Pero sigue siendo el Rey


pink

Pink is the color of passion

Creo que mi personalidad y mi vida están mayormente alejadas de los fanatismos: no muero por una comida ni por un lugar de la casa en especial; no me inmolaría por un músico o género ni tengo un escritor dominante entre mis preferencias literarias. No tengo número favorito, ni color predilecto, ni signo zodiacal con el que congenie mejor o peor. Soy bastante blanco o negro pero me permito mis grises, cuidándome de no caer ni en la apatía absoluta ni en el fervor irracional.

Pero hay alguien con quien me pasa algo distinto y no podría explicar cabalmente por qué. Quizá sea porque irrumpió en mi vida cuando contaba con poco más de una década de pasos tímidos y vivencias nada definitorias, en esos años mozos donde todo lo nuevo impacta doblemente y horada firme y rápido el suelo sobre el que empezaba a caminar.

Quien me conoce y tuviera que definirme a este respecto, seguramente diría: sí, es fanática de él. “Él” es David Nalbandian, el gringo, el Rey. Allá lejos y hace tiempo quedaron mis “días de tenis”, deporte que sigo disfrutando desde fuera del court y que me hizo conocer y degustar a mi ídolo, el gran David. El mismo que probablemente no vuelva a competir profesionalmente y que nos deleitará por última vez en una exhibición en Buenos Aires y Córdoba -su querida Córdoba- contra Rafa Nadal.

David, que ya la rompía siendo junior, donde se codeaba (y les ganaba) con otros grandes jugadores que ha dado el tenis de los últimos quince años. El que sorprendió al mundo a sus escasos veinte eneros, con una deliciosa performance y llegando a la final del torneo fundacional del tenis, Wimbledon. David, que supo tener de hijo y con varios partidos de diferencia a Roger Federer, en aquellos años en que el suizo era imbatible y dueño absoluto del #1.

David controversial y pionero a la vez, demostró que el deporte profesional puede sentirse y vivirse con pasión sin renunciar a los gustos y piaceres de este mundo: hizo bungee jumping, nadó entre tiburones, corrió el TC y tuvo una hija. Fue criticado por su “irregular dedicación”, pero fue uno de los mejores tenistas de la década, ranking #3 incluido.

David gladiador de Copa Davis, ese sueño tan ansiado: darle a la Argentina el reconocimiendo mayor del tenis por equipos. Su ahínco y decisión los ratifican las estadísticas: es uno de los jugadores que mayor cantidad de series disputó, sin importar su estado físico ni priorizar su carrera individual. Nos regaló victorias inolvidables y partidos contra toda lógica y aunque no logró llevarse la Copa a Unquillo, hizo vibrar a todo el país en cada serie, cuando partido a partido y año a año nos apiñamos en casas y bares con un fervor únicamente comparable al que despierta la Selección de Fútbol.

David no solo pertenece a una Generación Dorada e inolvidable del tenis argentino, a una camada de jugadores que parecía inacabable y que superó todos los récords, sino que fue su más fiel exponente. Con un tenis exquisito y una técnica clásica, europea me gusta llamarle, parecida a la de los grandes hitos que este deporte concibió.

A lo largo de todos estos años expresé abiertamente y sin pudor este fanatismo que no atiende al paso de los años y a las razones, y por eso es pasión. He discutido, elevado la voz más de una vez y ponderado a muerte la brillantez del tenis de Nalbandian por sobre el de otros. Anécdotas no me faltan: en la final de la Davis del 2008 contra España me sentaba cada mediodía frente al hotel donde se hospedaba la delegación argentina, esperando verlo pasar. Pasó, lo vi, crucé por la mitad de la calle sin mirar y lo tuve a metros, hasta que el personal de seguridad me disuadió de todo intento ulterior.

Más arriba imposible. Más feliz, tampoco. Copa Davis 2012

Más arriba imposible. Más feliz, tampoco. Copa Davis 2012

El año pasado fui en un viaje relámpago y lleno de peripecias al Parque Roca, para ver la serie de cuartos de final contra República Checa que finalmente perdimos. Mi sueño era ver jugar a David, consciente de que su carrera estaba llegando inevitablemente al fin. Se lesionó y no jugó; mi tristeza fue grande aunque la experiencia de ver tenis de primer nivel será imborrable. La gente coreaba su nombre, vitoreaba; él estaba ahí pero no acaparaba un protagonismo que debía tener el equipo argentino si quería superar el escollo y encaminarse hacia la Ensaladera. Apenas saludó al público, lo vi de lejos y aún así fue muy especial.

Me regocija saber y comprobar que somos muchos los que reconocemos, agradecemos y seguimos incondicionalmente a David Nalbandian durante estos años de floreciente carrera. Ante el sorpresivo anuncio de su retiro en las últimas semanas mucho  se ha dicho y  escrito; otros han optado por redactar y firmar petitorios para disuadirlo de su retiro y convencerlo de que dispute una serie más de Copa David. Sí, con D de David: re-nombre acuñado por mí  y empleado cada vez más frente a la evidencia. David luchó por ella a pesar de todo, y juegue o no, siempre es protagonista.

David se retira y nunca pude verlo jugar. Me aflige pero así es. Probablemente este “vínculo unilateral idílico” se mantenga por siempre, repito, pese a los años y las distintas motivaciones que guíen cada etapa de mi vida.

Leí el mencionado petitorio para que David no se retire pero no lo firmé. ¿Por qué contrariarlo o intentar convencerlo de algo lejano a su voluntad? Ya nos regaló muchos logros y años de buen tenis, y lo mejor, nos dio un ejemplo sublime sobre cómo vivir la carrera deportiva, en su caso, y cada momento de la vida en general. Sus amigos, la pesca, los autos, Unquillo y Sossie le “tiran” más y lo reclaman. David, me acongoja tu retiro pero no dejás de sacarme sonrisas y de aumentar mi orgullo. Hagas lo que hagas, y digan lo que digan, seguirás siendo el Rey.

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