Ver no es lo mismo que mirar, y al mirar no todas las personas ven lo mismo


Diecinueve privilegiados grados  y una zona de la ciudad que hacía mucho que no visitaba: Plaza España y sus inmediaciones, aquel punto en el que se unen la urbe y el mar.

Los juegos, el Museo de Ciencias Naturales, el Quijote y Sancho y un regalo de los gallegos por el centenario de Mar del Plata (1874-1974). Apenas cruzando el boulevard, cientos de metros en continuidad de arena y piedras en soledad. Son pocos pero concienzudos los transeúntes que a esta altura del día y el año gozan de un parate infalible para recargar energías, admirar la inmensidad del mar y meditar.

La alergia que hace días me aqueja queda en stand by tras respirar el aire fríamente puro, puramente frío de la costa. Sobreviví durante meses sin ver el mar, pero cuánto mejor se está con él cerca y qué afortunados somos de tener la infinitud que invita a nuestros sentidos a recrearse y relamerse por ser, estar y amardelplata,

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