Facebook versus Twitter, o dos formas de entender el presente


“¿Cuál es la diferencia entre Facebook y Twitter?”, es la pregunta de muchos,  incluso de los habitués de las redes sociales más famosas del momento. Las social networks están en su apogeo, y ya han suscitado una interesante cantidad de bibliografía (el libro Faceboom de Juan Faerman, se burla con razón de algunas aspiraciones facebookeras). Sin embargo, escribo únicamente desde mi experiencia cotidiana de usuario, acerca de las diferencias sustanciales que las separan, aunque se las englobe indistintamente dentro del (cada vez más amplio) concepto de redes sociales.

Conveniente es mencionar primeramente las similitudes entre el “caralibro” y la “red social del pajarito”, porque son las menos. Ambas son redes sociales, “sitios web que permiten a los usuarios compartir contenido, interactuar y crear comunidades sobre intereses similares” (1). Bajo esta acepción encontramos una variedad que crece en número y especificidades. Según un artículo, las diez más elegidas por los cibernautas durante 2010 fueron: Youtube, Facebook, Twitter, Yahoo Respuestas, Hi5, MySpace, Menéame, Metroflog, Badoo y Orkut. Estos son sólo algunos de los sitios que operan bajo esta modalidad de “subir y compartir” que tiene al PROSUMER como protagonista: el emisor de contenidos es a la vez consumidor, para expresarlo en palabras más conocidas,  propias del viejo modelo lineal de  la comunicación.

Facebook y Twitter sobresalen del resto. Su airoso presente deviene de abultados números en concepto de cantidad de usuarios y de los millones de dólares que facturan, producto de los ingresos publicitarios (principalmente en el caso de Facebook). Sin embargo, su esencia y finalidades son llamativamente muy disímiles. Ya sea por el sentido primero que hayan querido imprimirle sus mentores, o por el rumbo que han marcado sus usuarios, Facebook se orienta al entretenimiento y las relaciones interpersonales e institucionales, mientras que por los reductos virtuales de Mr. Twitter circulan cantidades ingentes de información sintetizada en 140 caracteres, pero susceptible de extenderse en blogs y portales, de temáticas y relevancia sumamente variadas.

Caralibro

Facebook es la red social de mayor llegada de las actuales. No preciso ahondar en su funcionamiento, porque es dominado por millones de personas en todo el mundo.  Si estás aquí leyendo esto, puede que hayas llegado a través de él.

Me gusta el “Me Gusta”. Esa opción situada debajo de cada update, que los “amigos” reparten sin ton ni son, tan generosamente, justificando su presencia en mi face. “Me gusta” la publicación de otro cuando considero que lo hecho/dicho por él está en consonancia con su persona.

Los usuarios de Facebook ya son alguien, y se ven reivindicados, reforzados, reinventados en su perfil. Acarrean una historia, unas relaciones previas, unas ocupaciones e intereses que se ventilan sin tapujos y se exhiben con orgullo, renunciando en un alto grado a la privacidad y la intimidad.

La red social que saltó al estrellato en 2008 es un suelo más que apto para incursionar en estudios de marketing e investigaciones de mercados, a partir de los datos personales que revelamos. Las sugerencias no son azarosas, sino fruto de un análisis probabilístico y minucioso de nuestros perfiles públicos. Videos, juegos, aplicaciones, efemérides y aniversarios circulan para recrear virtualmente nuestras vidas. ¿Será por eso que la mayoría de los facebookeros le destina tanto tiempo y atención a lo que allí sucede?

Twitter

“No pondría en Facebook ciertas cosas que en Twitter sí”, he escuchado decir y yo misma lo sostengo. Hay varios motivos: el twittero es alguien por lo que expresa y el impacto que esto tiene, y no tanto por lo que es. Un twittero famoso puede tener muchos followers por su alta exposición pública, pero la cantidad y calidad de sus tweets determinará su valía en esta red social. A la inversa, una persona conocida sólo por su círculo íntimo puede “hacerse” si su estilo o presencia en el momento justo generan la viralidad necesaria para estar en boca (léase, en el tweet line) de muchos.

Además, en Twitter no hay amigos ni solicitudes, sino seguidores; no se entablan amistades, sino un seguimiento, lo cual le da cierto aire impersonal y formal a los vínculos entre twitteros. Cualquiera sigue y es seguido sin pedir permiso (a menos que se configure expresamente la privacidad) y manteniendo un contacto lejano, distendido, poco comprometido.

Otro motivo tiene que ver con el valor de lo instantáneo e inmediato, y el carácter sumamente efímero de cada tweet. La pregunta “¿Qué está pasando?” la contestan simultáneamente miles de usuarios flaqueados por entornos y realidades muy variadas. Las pequeñas frases que emitimos se pierden entonces más pronto de lo que deseamos, y nos vemos obligados a twittear regularmente para no hundirnos en semejante marea informativa, y en ese afán hay que inventar, ser creativos y abrirnos hasta niveles insospechados.

Twitter es una red social basada en el microblogging, es decir, permite comunicarse mediante mensajes cortos, de no más de tres renglones de extensión. Es un sitio óptimo para contactarse con bloggeros de los buenos y conocer sitios chulos!

Para aquellos que dicen no entender cómo funciona o que es aburrido, les cuento otra potencialidad de Twitter: permite seguir el minuto a minuto de todo tipo de eventos, partidos, conferencias, votaciones, telenovelas… Este uso ampliamente difundido posibilita hacer periodismo en Twitter. El espacio acotado no impide contar historias: dicen que lo bueno y corto, dos veces bueno.

La pregunta “¿Qué estás pensado?” da el puntapié a todas las acciones y vínculos que se dan en Facebook. Es una invitación a la afirmación del yo, de la individualidad, de la percepción subjetiva, y alienta la exteriorización de las emociones. Twitter, en cambio, apela al “¿qué está pasando?” que remite al entorno objetivo del individuo, pregunta por los sucesos externos a él; lo hace salir de sí mismo para descubrir aquello que tiene relevancia comunitaria y que trasciende su interés. En ambas redes sociales, resaltando el presente más inmediato por sobre cualquier otro estado de cosas. 

Facebook, Twitter y sus respectivas dinámicas se corresponden con dos modelos teóricos contemporáneos de entender la sociedad. Configuran modos particulares de verse a uno mismo y de interactuar con otros. Pero también prestan importantes funciones en organizaciones y grupos de todo tipo; en definitiva, en los pilares de la sociedad misma. Esto será tema del próximo posteo…

(1) http://www2.gobiernodecanarias.org/educacion/clicescuela20/wiki/index.php/Glosario#R

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