Un poema por una moneda


¿Por las calles de qué ciudad moderna no pulula gente rara? Aviso: no creo tener ni un poquito de derecho a rotular, pero la expresión puede ayudar a clarificar a la personaje que describiré a continuación.

Ella es de estatura más bien baja. Suele vestirse siempre igual; sobresalen la minifalda y un cuello de polar negro. Debe tener cerca de 40 años, y un pelo… extraño (dejémoslo ahí). Ella se mueve de una esquina a otra, pero nunca trasciende su cuadrita. Hasta bien entrada la noche se la puede encontrar en las inmediaciones del barrio de la Vieja Terminal.

Ella trabaja muchas horas por día. Su cuerpo diminuto se abre paso entre los habitués de la parada de taxis, los vendedores semi-ambulantes, el muchacho de la silla de ruedas, los perros, los indiferentes. Ella trabaja, sí. Vende poemas.

Me los ofrece siempre que paso y nunca me atrevería a decirle que sí. Me identifico con los indiferentes, pero sólo hasta cierto punto, porque ella y su oficio me trastocaron desde el primer día. ¿Cómo se atreve? O más bien, ¿cómo se le habrá ocurrido? Un intangible que es de todos y no es de nadie; un bien que más que ofrecerse y aceptarse se necesita y ya. No se compra, ni se vende, ni se transfiere. El arte y el amor se parecen bastante.

Al principio me indignaba mucho y la rechazaba educadamente pero para mis adentros me burlaba de sus intenciones. Tiempo después entendí lo adecuado de su planteo: esa misma necesidad vital y la sensación de insatisfacción (que tal vez ella misma experimentaba, o no) la movían a ofrecer a otros un maná que no siempre tenemos tiempo o disposición para consumir. El hombre necesita del arte como de un otro. Pero los otros también ofrecen otros y otras aparentemente insustituíbles, y así nos perdemos y alejamos de lo esencial (que es invisible a los ojos; qué sabio Saint Exupéry).

Lo necesario no siempre nos agrada, porque somos libres de empatizar con ello o no. Esta mujer vislumbró que aquello para lo que no hay tiempo puede ser lo más reconfortante. El free hugs o el kissing day parecen reforzar la experiencia. ¿Tan necio es el hombre posmo que contempla la posibilidad de lo necesario recién cuando se mercantiliza o cosifica en una movida mundial? ¿Acaso la menos descorazonada es esa mujer que lo descubrió al dedicarse a la venta de poemas?

Estoy pensando en que el blog dé un giro de 180º y comience a retratar a estos bichos raros que a veces tienen mucho para decir y a veces no. ¡Cuidado, usted puede ser el próximo!

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Un comentario en “Un poema por una moneda

  1. A veces esas cosas sirven para que veamos cuánto dejamos de lado a veces las cosas más lindas de la vida 🙂 Voy a pasar por la cuadra a comprar un poema, te lo aseguro jajajaja
    te quiero amiga ♥

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